Poemas que no son míos y me hubiera gustado ejecutarlos.
Para que se conozca un poquito por aquí a otros trovadores impostores.
Con tu permiso.
PERO, ¿PUEDE DECIRME ALGUIEN QUÉ ES LA SOLEDAD?
En contra de la opinión común,
parece ser que la soledad no es temperatura,
que no es una especie de fuego – o hielo –
que condense la sangre
y dificulte la circulación.
Pero se ha demostrado igualmente
que la soledad no es un sentimiento,
pues parece que no acelera el corazón
más que un imprevisto,
ni afecta a los humores
en mayor media un cambio horario.
Sin embargo,
se ha podido resolver
con una gran índice de verosimilitud
que la soledad tampoco es algo físico,
que no es un dolor de estómago,
que no es una punzada en el alma,
pues,
si bien es cierto
que la punzada ha sido experimentada de forma masiva,
a la hora de situar el alma
nadie se pone de acuerdo,
y los dolores de estómago,
bueno,
ni que decir tiene
que son susceptibles de causas menos inmortales.
En efecto,
hoy sabemos que la soledad
no es algo innato,
que, por así decir, no la llevamos dentro,
que nadie es solo por naturaleza,
sino que la soledad es un oficio que se aprende,
una elección que también se ama.
Hay incluso teorías que apuntan
la posibilidad de que la soledad
sea algo redundante,
que se repita,
que vuelva sobre sí misma.
Finalmente,
también se ha refutado la tesis
de que la soledad sea ausencia,
porque hemos preguntado:
“¿ausencia de qué, de quién?”;
y nada, nadie nos ha contestado.
Manuel Aragón
ANTILOGÍA
Te busqué en densas noches de invierno
o en días de playa junto al verano.
Los fragmentos de mis ilusiones que fueron creciendo
a medida que te conocía,
corrieron igual suerte que tú.
Tenías la costumbre de la esperanza
y la otra más enraizada de la soledad.
Cuantas veces te quise y te llamé,
otras tantas, sin embargo, deseé no haberte esperado.
Aún me admira tu prestancia,
la dignidad secreta que despliegas,
tu facilidad para amar y ser terrible.
Pero gasta cuidado, amigo,
que soy un hombre cansado y no perderé mi ingenuidad
ahora que, precisamente, trabajo para conservarla.
Manuel Aragón
II
Te juro que no comprendo la ternura de tus ojos.
Algún día
me preguntaré por este misterio,
pero la ternura de tus ojos seguirá intacta.
Entonces yo seré otro
- aunque esto, claro, es falso,
pues sólo los que no tienen orgullo cambian -,
serán otras mis derrotas, otras mis deudas,
otro mi corazón de hielo
y la misma
mi esperanza.
En la ternura de tus ojos hallaré algún día el resorte
para averiguar cómo he sido,
para descubrir cómo es que, poco a poco,
me fui alejando de la triste vida mía,
descifrar de qué modo fue posible
que, durante tanto tiempo, sin la ternura de tus ojos
mi poesía
sobreviviera.
Manuel Aragón