miércoles, julio 12, 2006

Res pública

Y es que;
la única república por la que merece la pena morir
es sin duda alguna la repúbica,
que no es otra cosa que el descanso
en el pubis de la mujer amada
tras el esfuerzo sobrehumano de la efervescencia.
Y esa es la verdadera patria
por la que un hombre puede y debe empuñar un arma
pero de palabra y caricia,
de lengua y virulencia desatada,
de carne aterciopelada y vasos sanguíneos
rellenando la cavidad elástica.
Y así se va configurando la guerra del siglo XXI;
sexo versus encíclica papal
prohibiendo el uso del profiláctico.

1 comentario:

Phanfarl dijo...

me ha encantado... Estás mucho más sincero que de costumbre.. y tras todo lo trascendental, acabas, como de costumbre de la forma más destroyer que uno no puede ni imaginar...