Porque la vida no es un anuncio.
No llueve ni suena "In a sentimental mood" mientras nos besamos.
No hay carreteras bucólicas donde escuchar "Milonga de mar" y ondular las manos fuera de la ventanilla.
Ni estampas fotográficas en blanco y negro.
No hay bikinis que se deshilachan lentamente.
Ni cuerpos moldeados en bodyfitness saliendo parcialmente del agua.
No rostros exóticos e interraciales con facciones bellísimas, representativas de un género humano en alza.
Las mujeres así, no se te follan con la mirada en los pubs si pides una bebida determinada.
Quizá si eres un cuerpo moldeado en bodyfitness o si tus rasgos resultan excitantes.
Pero la vida nunca es como la proyectamos.
Y el terror resulta de pensar, que también nuestro pasado conlleva una publicidad subliminal, y que nunca estuvimos en donde hoy no hay ningún banco, ni nos abrazamos bajo aquella piedra que sobresalía entre la arena, hoy sepultada.
Ni dormimos en esa habitación de Santi Petri donde hoy hay un centro comercial.
O que nuestros polvos incómodos en aquél Opel Corsa, terminaron en un cementerio para coches.
Nuestro amor que se evapora, nuestros recuerdos se reciclan, nuestros sueños hoy mutan, mañana añoran un límite más probable.
La vida es una constante de negaciones, quizá la más terrible sea aquella que preconiza que nuestra vida pasa por delante de nuestros ojos, momentos antes de la muerte, en fotogramas. Tremenda decepción resultará de comprobar que nunca tuvimos un anuncio ganador del festival de San Sebastián.
1 comentario:
Me gusta dibujar tu cuerpo con mis manos mientras duermes y escuchas jazz, así si algún día te pierdo, podre tener para siempre un cuadro tuyo al desnudo.
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