Al final del día
no en la hora más solitaria
ni en la ausencia más prolongada
ni siquiera en esos momentos de bohemia
cuando recorremos solos un trayecto
o cuando realizamos un viaje en autobús/tren/coche, abandonados
ni en las citas a ciegas con nosotros mismos;
"Yo soy éste, ya he aprendido a pronunciarlo"
pero no duele menos por ello, que es un verso recurrente
y fácil.
Al final del día y aunque me encuentre en tus brazos
o aunque me encuentre entre todos vosotros
los seres que amo (o no)
así surge la necesidad inmediata de saberme solo
y siento indistintamente a mi grado de felicidad y satisfacción
que en cualquier momento puede ocurrir
abandonar la vida y la obra
tener un poco de eso que llaman: mala suerte
estar en el lugar y en el momento equivocados
confundir un espacio-tiempo relativo
o tomar la decisión inesperada
que provoque toda la destrucción de mi universo
y entonces cumplir la profecía por haberla nombrado demasiado
(en mi juventud mayestática)
Es por ello que hoy renuncio a la máxima poética romántica,
por eso y porque tengo miedo del noche a noche
de saberme observado
de sentirme una pieza más en el entramado.
Porque al final del día, duerma solo o acompañado
siempre resulta en soledad
que es la mayor tristeza del hombre
saberse de antemano ejecutado en la no-presencia
de esta noche hambrienta
de este pensamiento abstracto
de esta máquina de sueños implacable.
Aquí no puede habitar nadie, por tanto.
Nadie soportaría tanta desesperación vital
del mismo modo que yo no soportaré la vuestra
me quedo aquí, estoy solo
como todos, al final del día,
en el desvelo de la medianoche
o en el reflejo de tus ojos.
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