Repite los errores una vez tras otra y nunca se cansa de pedir perdón por lo mismo.
Quizá porque algún día le juré amor eterno sólo si todo seguía igual y las cosas no empeoraban.
De este modo ella no cambia, sus errores tampoco y mi amor eterno parece inalterable.
Puede ser también una manera de demostrar que realmente es ella y que no ha sido abducida repentinamente por ningún galán de tres al cuarto que viene a disputarme los garbanzos.
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